DONDE SE DESCRIBEN, DE BERGMANIANO
MODO, ALGUNAS ESCENAS DE LA VIDA CONYUGAL
DE UNA PAREJA COMÚN Y
CORRIENTE, Y SUS SUEÑOS.
Son las seis de la mañana.
Todavía el sol no sale,
pero se oyen los zorzales
a través de la ventana.
Sebastián no tiene ganas
de ir al trabajo este día.
La Cecilia está dormida,
pero luego se despierta
cuando el Seba abre la puerta
y entra una luz encendida.
Seis y media. Desayuno.
Comparten la bolsa’e té;
ya no les queda paté
y el pan ya se ha puesto duro.
Afuera está medio oscuro
y hace un poquito de frío.
La Ceci plancha el vestido
que se compró en el verano,
y se le hielan las manos
y le duelen los oídos.
Amanece. Son las siete.
El día estará nublado.
Se oye la radio de al lado.
Sebastián ‘tá en el retrete.
La Ceci tiene un juanete
que le molesta un montón.
Sebastián pide Confort
y ella dice que no queda,
que comprará en la Alameda,
que no grite, por favor.
Siete y media. Salen juntos.
Cierran la puerta con llave:
en este barrio, se sabe,
roban hasta los difuntos.
Cada cual a sus asuntos,
van Cecilia y Sebastián;
ella se ha comprado un pan,
él se compra una bebida;
esta noche, la comida,
sabe dios con qué la harán.
Se hace tarde. Son las ocho.
Hay un curado durmiendo;
pasa un mocoso corriendo
que va mascando un bizcocho.
Han de llegar a Mapocho
pa hacer la combinación,
pero la locomoción
demora tanto en pasar,
que se enoja el Sebastián
con Cecilia, sin razón.
Ocho y media. El paradero.
Llega un bus repleto’e gente
que va para el lado oriente
lleno de empleados y obreros.
Sebastián sube primero,
la Ceci se queda abajo;
llegará tarde al trabajo,
pero igual le tira un beso.
El Seba, haciéndose el leso,
ve si lleva su estropajo.
¡Tantos años de casados!
Ya se les fueron los hijos.
No tienen empleos fijos
y se sienten muy cansados.
Están un poco botados,
hoy casi nadie los llama.
Ya pasó el tiempo de fama
y se recuerdan dolientes
de cuando él fue Presidente
y ella, la Primera Dama.
………
Suena fuerte el celular;
despiertan sobresaltados.
El ministro lo ha llamado
porque no puede esperar:
“la rebelión popular
ha empezado, Presidente”.
Despierta completamente
y se sienta en una silla.
“¡Cecilia, qué pesadillas,
vístete inmediatamente!”

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